México y la guerra en el medio oriente

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Por Samuel Aguirre Ochoa

Hace dos semanas aborde en este espacio las implicaciones económicas y políticas de la agresión militar que el gobierno de los Estados Unidos, junto con el gobierno de Israel, emprendieron en contra de los pueblos de Irán y del Líbano en el Medio Oriente, conflicto que hasta el momento no llega a su fin por diversas razones.

Fundamentalmente porque esta guerra es resultado de la evolución natural, por llamarlo de alguna manera, del capitalismo en su fase imperialista, en la cual los grandes monopolios principalmente los norteamericanos y el capital financiero buscan ampliar su influencia en el planeta entero, porque de esta manera seguirán intentando apoderarse de las fuentes energéticas, como el petróleo y el gas, de las materias primas, de las riquezas naturales y de la mano de obra barata de las naciones subdesarrolladas. También quieren controlar los puntos estratégicos que permiten la conexión intercontinental para controlar el comercio de mercancías.

Podemos decir que el capitalismo pretende alargar su existencia porque como consecuencia de su propio desarrollo ha llegado a su etapa de adulto mayor, de vejez, a su etapa de crisis terminal y quiere alargar sus días a como dé lugar. Sin embargo, muchas naciones, encabezadas por China y Rusia, no están de acuerdo con la voracidad de los monopolios imperialistas y le están haciendo frente, pues no están dispuestos a permitir el saqueo y el robo de sus recursos ni a dejarse atrapar por las garras de los imperialistas. Dentro de estas naciones también se encuentra Irán.

Las consecuencias de esta agresión de Estados Unidos e Israel las está sufriendo la población de todo el planeta y en particular México: se ha desatado un incremento de precios que se resiente en la mesa de las familias pobres, el salario alcanza para comprar menos productos, pues la inflación ha incrementado el precio de la canasta básica. Los precios de los alimentos están por las nubes, al igual que el de la gasolina, gas y el diésel; lo mismo sucede con los fertilizantes necesarios para la producción en el campo.

La citada guerra ha traído como consecuencia el incremento a nivel mundial del precio del petróleo crudo. Evidentemente, este incremento provoca la subida de los precios de los demás productos debido a que la producción y transporte de las mercancías dependen de los derivados del petróleo.

¿Cómo afecta la voracidad por el dinero de los imperialistas a los mexicanos? Si bien es cierto que somos un país productor de petróleo, la realidad es que el 60% de la gasolina y del diésel que se consume en nuestro país se continúa comprando en el extranjero, dicha dependencia energética no ha cambiado a pesar de los discursos del gobierno sobre soberanía energética y de la compra, construcción o rehabilitación de algunas refinerías en el sexenio pasado.

A inicios del mes de abril, la Secretaría de Hacienda anunció un incremento en el precio de la gasolina y el diésel de hasta 31% y para mitigar temporalmente los efectos de este súbito encarecimiento, el gobierno federal anunció un acuerdo con las empresas gasolineras, que consistió en disminuir el cobro del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). A pesar de sus buenas intenciones, la presidenta de la República no ha logrado su propósito del todo, porque hoy la gasolina y el diésel están más caros que antes de iniciada la guerra. De acuerdo con la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) en varias entidades del país se reporta el litro de gasolina Magna hasta en 30 pesos.

Además, dicho subsidio no puede mantenerse por tiempo indefinido, porque ello implica que el gobierno deje de recaudar impuestos y no tendrá dinero para costear los programas del bienestar y servicios que están a su cargo como la salud, educación o infraestructura.

Otro impacto negativo de la guerra provocada por los Estados Unidos en contra de Irán en México es la escasez de fertilizantes y, por tanto, su encarecimiento, ya que México compra a otros países el 75% de los fertilizantes que consumen los productores mexicanos, algo así como 5 millones de toneladas al año.

De acuerdo con el presidente del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas, Juan Carlos Anaya Castellanos, entre el 20 de febrero y el 27 de marzo de 2026, el precio de la urea se incrementó pasando de 10 mil a 14 mil pesos la tonelada, lo que representa un 47% y el del fosfato de amonio pasó de 13 mil a 21 mil pesos, un 54% más caro. Esto incrementará más los precios de los alimentos y provocará que miles de pequeños productores no puedan sembrar ante la falta de recursos para hacer frente a los altos precios.

Ya en abril, el Inegi reportó que el precio de la canasta básica aumentó en 4.2%, los productos que más se encarecieron fueron los alimentos con un aumento de precios de 8.1%. De tal manera que una familia mexicana promedio gasta alrededor de 9 mil 350 pesos mensuales en comida, si se compara con el salario mínimo mensual que es de 9 mil 582 pesos, se puede concluir que la mayoría de los mexicanos apenas gana lo suficiente para comer, sin contemplar otros gastos como la salud, la vivienda o la educación de los hijos.

Los productos primordiales de la alimentación son los que más están subiendo de precio, como el jitomate, la cebolla, los chiles o la tortilla, hecho que pone en serios aprietos a las familias más humildes. Por ello, no es una exageración afirmar que los efectos de la guerra imperialista de los Estados Unidos e Israel en contra de Irán están agravando la pobreza en México.

El gobierno federal también intenta frenar el precio de los productos de la canasta básica, reuniéndose con productores, pero desafortunadamente los precios de los productos se determinan por una ley económica, llamada ley de la oferta y la demanda. Si los insumos que se requieren para producir y transportar mercancías suben de precio, por ley se incrementarán los costos y, por tanto, también los precios del producto final: la afectación recae sobre el consumidor local.

Si el imperialismo no da marcha atrás a su agresión en contra de Irán y de otras naciones en el planeta, pronto la producción de alimentos será insuficiente en todo el mundo y millones de seres humanos se sumirán en el hambre, la sed y las enfermedades. Esta es una razón más para oponernos a la política guerrerista de los Estados Unidos y para apoyar los esfuerzos de los países que proponen un modelo mundial de desarrollo compartido.

Los mexicanos debemos sumarnos con entusiasmo a los países que pugnan por un mundo multipolar, para que la capacidad productiva y el mercado no esté sometido a los poderosos intereses económicos del imperialismo mundial que prefieren tenernos dependientes y bajo su bota. Necesitamos entender que lo que pasa en el Medio Oriente nos afecta directamente a todos los mexicanos, aguzar bien nuestro cerebro para penetrar en la esencia de los acontecimientos mundiales y no quedarnos solo con la versión de los medios de comunicación occidentales, controlados por los estadounidenses.